miércoles, 6 de mayo de 2009

Ni a mi libro ni a mí nos abriga ir de compras y no compra nada

¿Hay algo peor que salir de casa con ganas de gastar y no conseguirlo? Sí, pero hay que reconocer que esto también da mucha rabia. Me encantan los atracones de comprar: esos días que, llueva o nieve, sales con ánimo de gastar fácil y felizmente. "Estos zapatos me aprietan pero, como a partir de cierta edad el ser humano mengua, me los voy a comprar por si cuando tenga 90 años aún se llevan".

Sin embargo, a veces uno no consigue comprarse nada. No es por nada en especial, pero es que todo te queda demasiado grande, pequeño, verde, escotado, remilgado... no hay manera. Y por mucho que luches, aumentes la cuota de gasto o cambies de sector, no hay manera. Ese día ya no lo remontas aunque fueras a la tienda de la madre de Mc Giver. Seguro que cuando llegas a casa hay judías verdes (de las planitas) para comer. "¿De eso sí que había en el mercado, verdad?"

En esos casos lo mejor sería apuntarlo en mi libro e irme de cañas, pero no es tan fácil. Es decir, apuntado en mi libro está, pero yo también estoy ahí, erre que erre, probándome hasta los zapatos de las dependientas, con mi dinerito fresco en la mano. No es culpa de nadie ¡y eso es lo que más rabia da!