lunes, 25 de mayo de 2009

Si aún crees que internet se escribe con mayúscula estás en mi libro

En todas las civilizaciones hay un consejo de ancianos que toma decisiones por la comunidad y a pesar de la comunidad. En la nuestra se llama Real Academia de la Lengua pero ni toman muchas decisiones, ni se les hace mucho caso (ya sabéis, lo que se conoce como spanish way). Total, que este grupo se reúne unas veinticinco veces hasta que por fin se ponen de acuerdo y deciden que internet se escriba con minúscula. Y nadie se entera. Todo su esfuerzo a la basura porque la gente sigue las reglas que te enseñan a los siete años: "internet sólo hay una, así que le pones mayúscula", aunque por esa regla de tres como hay muchas marta, pepa, lola y ana, todas con minúscula ¡Amigos, esas normas no escritas no están escritas por algo!

Si es que es verdad que no se escucha a los mayores. Ni en los periódicos, ni en los libros, ni en los blogs de frikis de internet...nada, siempre en mayúscula. De hecho, creo que no se han enterado ni los que ocupan los sillones X, Y y Z, que están al final y no oyen muy bien. En total, he calculado que somos entre seis y doce españoles los que lo escribimos bien y eso, realmente, me toca los webs (con minúscula también).

domingo, 24 de mayo de 2009

Los bares que tienen dos tipos de coca-cola sin azúcar pero no tienen sin cafeína me ponen tan nerviosa que están en mi libro

Yo entiendo que en un almacén de una bar cualquiera no caben todas las bebidas del mundo y, por tanto, hay que pensar muy bien qué se compra. Precisamente por eso me da tantísima rabia cuando voy a un bar (y esto es algo que he comprobado en distintas partes de España y otras del extranjero), sedienta como una camella, pido una coca-cola (marca registrada) sin cafeína y "no, sin cafeína no tenemos. Tenemos light y zero". Y claro, yo saco mi boli mental y lo apunto en mi libro mental. Porque, digo yo, ¿qué pasa con los insomnes? si estás gordo puedes elegir pero si eres nervioso te fastidias y te pides un trina. No me parece justo. Si hay espacio en el almacén para dos tipos de coca-colas, lo preciso, decente y honrado es que haya una sin azúcar y otra sin cafeína.

Pero, además, es que te tiras cuatro años yendo al mismo bar y aún así no compran sin cafeína. Yo, de verdad, estoy deseando que el dueño tenga hijos para invitarlos a coca-colas, y verás qué pronto hace hueco en el almacén. Dudo que le importe si los enanos toman más o menos azúcar a las tres de la mañana. Aunque espero que para entonces Coca-cola o Pepsi o Hacencola hayan sacado ya otro tipo de bebida sin cafeína que arrase con las light, las zero, las max y todas esas. Arriba los michelines mullidos que permiten siestas eternas!

miércoles, 20 de mayo de 2009

A mi libro van los que utilizan palabras erróneamente

Yo soy la primera que a veces dudo del significado exacto de alguna palabra, pero para eso está el diccionario. Abres una nueva pestaña del Explorer, entras en rae.es y lo buscas. Tiempo estimado de solución de la duda: 3 minutos máximo, si la conexión es española y, por tanto, considera que el retraso elegante. Pues, entonces, ¿por qué la gente se empeña en inventarse las palabras? Me crispa ese quiero y no puedo. Es decir, si quieres utilizar palabras nuevas, infórmate!

Hace un par de días oí a alguien que decía que "hay que recortar gastos de ofimática" y yo pensaba "pues quita el Power Point, que al fin y al cabo no se gasta tanto". El mismo tipo, que realmente estaba muy satisfecho de sí mismo, criticaba a otro amigo (ya sabes, de esos amigos tipo Facebook), tachándolo de "hedonista, porque le encanta escucharse". Mira, yo no sé si aquel era un hedonista o egocéntrico o ególatra pero desde luego que este señor es un miraobligos. Y espero no tener que oir esta palabra que me acabo de inventar en boca del mencionado señor, seguro que me la destroza, con lo que yo me la estimo.

martes, 12 de mayo de 2009

Los que piden cervezas muy frías tienen un espacio propio en mi libro

Yo entiendo que cuando hace calor apetece una cervecita fresquita, pero no creo que sea necesario especificarlo tanto tanto al camarero. De verdad, la frase "póngame una cerveza bien fría" es tan obvia que la he sacado del capítulo de obviedades de mi libro para darle un espacio propio. Siempre me pregunto ¿cuánta gente querrá tomarse una cerveza caliente?. Yo, si fuera el camarero, se la sacaba al baño maría. Ahí, cubierta de gotitas, pero de vaho.

Si fueramos ingleses o egipcios (de los antiguos, los del pelo bonito), pues tendría su importancia esta especificación, pero es que en España, la San Miguel se bebe siempre fría. Bueno, a veces no, pero desde luego no tiene nada que ver con la temperatura a la que la hayamos pedido, para el del bar siempre está muy fría y la tiene en la nevera tropecientas horas. La solución, para no caer en la obviedad y además entorpecer la labor de la neurona del camarero, sería indicar exáctamente a cuántos grados se quiere la cerveza: "me pone una SanMi a 6 grados centígrados". Es un poco pedante, pero al menos es información de calidad.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Ni a mi libro ni a mí nos abriga ir de compras y no compra nada

¿Hay algo peor que salir de casa con ganas de gastar y no conseguirlo? Sí, pero hay que reconocer que esto también da mucha rabia. Me encantan los atracones de comprar: esos días que, llueva o nieve, sales con ánimo de gastar fácil y felizmente. "Estos zapatos me aprietan pero, como a partir de cierta edad el ser humano mengua, me los voy a comprar por si cuando tenga 90 años aún se llevan".

Sin embargo, a veces uno no consigue comprarse nada. No es por nada en especial, pero es que todo te queda demasiado grande, pequeño, verde, escotado, remilgado... no hay manera. Y por mucho que luches, aumentes la cuota de gasto o cambies de sector, no hay manera. Ese día ya no lo remontas aunque fueras a la tienda de la madre de Mc Giver. Seguro que cuando llegas a casa hay judías verdes (de las planitas) para comer. "¿De eso sí que había en el mercado, verdad?"

En esos casos lo mejor sería apuntarlo en mi libro e irme de cañas, pero no es tan fácil. Es decir, apuntado en mi libro está, pero yo también estoy ahí, erre que erre, probándome hasta los zapatos de las dependientas, con mi dinerito fresco en la mano. No es culpa de nadie ¡y eso es lo que más rabia da!

viernes, 1 de mayo de 2009

Quien recomienda descanso a un cansado y tranquilidad a un nervioso está pidiendo a gritos entrar en mi libro


Las obviedades me superan en general. No puedo con los comentarios que se dicen para rellenar espacio, prefiero el silencio. Pero entre todos los comentarios obvios que se pueden hacer, los que más me crispan son "descansa" y "tranquila". Sé que son consejos que se dan con toda la buena intención pero a mí me parecen de resabidillo ¿quién se creen, el Oráculo?. "Oh, gran Oráculo que todo lo sabe ¿qué debo hacer si estoy cansada?" - "descaaaaaaaaaaansa". Ale, menos mal que me lo ha dicho porque estaba a puntito de salir a correr por el campo y luego a una fiesta toda la noche. 

Lo mismo ocurre cuando uno dice que está nervioso. Claramente está así porque no sabe que se tiene que tranquilizar. Menos mal que siempre hay alguien (y de este grupo eximo a los padres, porque por tradición tienen que decirnos qué debemos hacer) que te recuerda que te tranquilices. Mira, es decirlo y se te pasa ¿o no?... ¡pues será por algo!. De verdad, estos consejitos de adivina de la tele no sirven de nada: no nos hacen parecer ni más sabios ni más comprensivos. 

Creo que cuando uno comenta que está cansado o nervioso no pretende más que ser escuchado. Es una afirmación retórica, es decir de las que no espera respuesta. Al menos en mi caso, aunque ya sabes que mi caso es el de alguien que tiene un libro imaginario.