domingo, 18 de octubre de 2009

Dar información innecesaria está en mi libro

De la palabra parlotear sólo me gusta cómo suena. Quiero decir cómo suena el vocablo, porque ese torrente de información innecesaria está en mi libro, y me crispa igual si soy yo la que hablo demasiado o si es otro. Odio esas situaciones en las que te encuentras a un conocido por la calle y, por un acto reflejo, te paras. Realmente no hay nada que decir pero, mira, te lías, te lías y de repente te descubres contándole tu plan para toda la tarde: "voy a entrar al Starbucks para usar el baño, que lo tienen muy limpio siempre, y luego he quedado con una amiga para preparar una despedida de soltera, que queremos liar una gorda porque se casa su prima".


Llegados a este punto, si soy la que hablo sólo puedo pensar "nooooooooooo". Si soy la que escucho, intento no poner cara de lechuga y fingir normalidad a pesar de no saber dónde está el Starbucks, quién es la prima y qué se hace en una despedida de soltera de las gordas. Para ayudar digo un "sí, sí que están limpios siempre", mientras pienso "noooooooooooo". Es lo malo que tiene que te dejen hablar, que hablas. Mi abuela tenía razón cuando decía "tú calla y hazte la tonta".