Mira que me gusta poco el coche: contamina, provoca accidentes y nunca sabes dónde aparcarlo, pero es que Renfe puede conmigo. Me supera que nunca lleguen los trenes a tiempo, que lo sepan y que les dé completamente igual; que saquen ofertas que nunca coinciden con tu billete porque para ese tren ya están cubiertas las plazas con descuento o ese tren justo es el que no entra, pero todo el resto sí; que vaya el tren vacío pero siempre te sientan con alguien al lado; que si compras por internet un billete (siempre y cuando hayan dejado plazas, porque normalmente hay que llamar por teléfono), luego no puedes cambiarlo en la ventanilla, o viceversa; en fin, es que no acabaría nunca, y eso que no quiero entrar en la línea de cercanías, que si existiera un polígrafo de eficacia lo harían saltar por los aires.Para no ser tan negativa, creo que es justo agradecer a Renfe su incansable trabajo por tratar de sacar a España de esta crisis, ya que gracias al nefasto servicio que ofrecen podría comenzar a recuperarse el mercado del automóvil (de hecho, que Audi haya elegido fabricar el Q3 en España no es una casualidad, estoy segura). Y si ese sector se recupera volverá a entrar publicidad en los medios de comunicación y esto generará puestos de trabajo para periodistas como yo, que podrán volver del exilio y no tendrán que coger el tren cada semana... si es que hay que ver cómo soy, que Renfe lo hace todo por mí!!!!

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