martes, 9 de junio de 2009

Para los repetitivos: ¡hay una fiesta de la democracia en mi libro!

Estoy segura de que no soy la única que está hasta las narices de la expresión 'fiesta de la democracia' para referirse a las elecciones. Somos tantos los que estamos hartos de oírlo como los que siguen pensando 'guau, qué giro lingüístico más acertado'. Para empezar, ¿de verdad a alguien le parece esto una fiesta? Si la respuesta es afirmativa, espero que no me invite nunca a su cumpleaños. Para mí, una fiesta implica refrescos, panchitos, un poco de música y al final una bolsa de gominolas, ¿dónde están? Yo recibo la invitación pero cuando llego ya está el bol vacío y lleno de papeles. ¿Quién se bebió todo el ponche? Ah, no sé.

Pero volviendo a los usuarios de la expresión, estos deben ser los típicos repitebromas. Y no es que yo esté en contra de alargar las bromas, todo lo contrario, pero no de repetir y repetir y repetir sin para. En 1977, la expresión tuvo su aquel, estoy segura, pero 32 años y al menos diez videoconsolas después, ya no sorprende tanto. Esta locución está ya para dejarla en un museo y no volver a gastarla. ¡Yo voto por jubilarla!

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