Estoy segura de que no soy la única que está hasta las narices de la expresión 'fiesta de la democracia' para referirse a las elecciones. Somos tantos los que estamos hartos de oírlo como los que siguen pensando 'guau, qué giro lingüístico más acertado'. Para empezar, ¿de verdad a alguien le parece esto una fiesta? Si la respuesta es afirmativa, espero que no me invite nunca a su cumpleaños. Para mí, una fiesta implica refrescos, panchitos, un poco de música y al final una bolsa de gominolas, ¿dónde están? Yo recibo la invitación pero cuando llego ya está el bol vacío y lleno de papeles. ¿Quién se bebió todo el ponche? Ah, no sé.Pero volviendo a los usuarios de la expresión, estos deben ser los típicos repitebromas. Y no es que yo esté en contra de alargar las bromas, todo lo contrario, pero no de repetir y repetir y repetir sin para. En 1977, la expresión tuvo su aquel, estoy segura, pero 32 años y al menos diez videoconsolas después, ya no sorprende tanto. Esta locución está ya para dejarla en un museo y no volver a gastarla. ¡Yo voto por jubilarla!

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